Todo a nuestro alrededor está sumido en una espiral vertiginosa de cambio continuo. Y sólo aquellas empresas que logren surfear esta ola y mantenerse en la cresta serán quienes se hagan con el mercado, escuchando las nuevas demandas de los consumidores, cada vez más exigentes, con el fin de satisfacer sus necesidades.

En un día a día donde nos encontramos completamente saturados de contenidos de todo tipo (promocionales, informativos, de entretenimiento, etc.) va a ser imprescindible impactar en nuestro público objetivo si queremos posicionar nuestra marca como corresponde.

Destacar cuando todos buscamos lo mismo es complicado (nunca imposible), por lo que tendremos que poner los cinco sentidos en conocer a nuestro target, sus intereses, cómo consumen y en qué basan sus decisiones de compra. He aquí el quid de la cuestión. ¿Cómo convencemos a nuestro target de que somos nosotros y no nuestros competidores quienes vamos a ofrecerles lo que buscan, y que va a ser lo mejor que encuentren en su vida? Aquí es donde entra en acción el marketing emocional.

¿Qué es el marketing emocional?

El marketing emocional es el encargado de crear experiencias para los clientes, buscando despertar en ellos emociones y sentimientos que logren vincularlos afectivamente a la marca. El error está en pensar que los consumidores son racionales a la hora de tomar decisiones, porque, contrario a todo pronóstico, lo que finalmente hace que se decidan por una cosa u otra son las emociones. Así que quédate con esto: para vender más y mejor, tenemos que aprender a escuchar a nuestro público objetivo. Si una persona siente que la empresa tiene en cuenta sus emociones, acabará identificándose con ella y cediéndole su confianza.

Ahora mismo, te imagino: ¿cómo voy a saber qué piensan y sienten mis clientes? ¡Ni que fuera yo la CIA! “Keep calmand ¡bendita tecnología! Instagram, Facebook, Twitter… los propios consumidores, convertidos en generadores de contenido (prosumers), van a ser los encargados de ir dejándote las claves para que tú seas capaz de ir encajando piezas y terminar el puzle. ¿O tú nunca has escrito un tweet quejándote por la impuntualidad de Renfe, o subido una story mostrando tu cara de felicidad junto a tus nuevas Nike Air Max 720?

El marketing emocional es hoy en día un arma súper poderosa para las marcas, ya que manejando las emociones consiguen humanizar su mensaje e infundir en los clientes el comportamiento que quieren. ¿Conoces el término Lovemark? Si alguien tiene un máster en marketing emocional son ellas. Marcas con las que el usuario se siente identificado. Porque las buenas estrategias de fidelización no priman únicamente que el cliente sienta urgencia de comprar el producto, sino que sienta la marca como suya. Y, supongo que estarás de acuerdo conmigo, dos lovemarks graduadas cum laude son Apple y Coca-Cola.

Coca-Cola vende felicidad en todas sus formas. Y también corre a su cuenta el aumento de los niveles de diabetes en medio mundo. ¿Coca-Cola con amigos? Felicidad. ¿Reuniones familiares con Coca-Cola? Felicidad. Lo que es indiscutible es su posicionamiento en el top of mind de los usuarios. Tiene una estrategia de marketing bestial basada en transmitir emociones a los usuarios y hacerles sentir partícipes en todo momento. Seguro que si te digo: “Taste the feeling”, lo lees con la melodía del spot.

Incluso, ¿recuerdas aquello de poner los nombres en las latas? ¿quién no mordió el anzuelo y se hizo, como mínimo, con una que tuviera escrito el suyo? Porque, entre nosotros, te voy a confesar que yo fui una de las personas que rebuscó su nombre entre las latas rojas y me hizo ilusión encontrarlo. Y, a lo tonto, Coca-Cola incrementó sus ventas y ganó en engagement.

Lo mismo pasa con Apple, cuyo éxito es fruto de las expectativas generadas en sus usuarios. El gigante tecnológico se asocia con estatus e innovación. Y, bajo un diseño simple y minimalista, esconde las claves para infundir en sus usuarios el deseo de formar parte de esa revolución tecnológica. Todos conocemos a alguien que mataría por comprar el último iPhone incluso antes de que se haya lanzado al mercado.

¿Y qué me dices de SIRI?, asistente de voz de cualquier dispositivo Apple. ¡Menudo puntazo se marcó la compañía de la manzanita en su día! Es como ir acompañado todo el día por un gremlin que te recuerda todo, hasta si necesitas comprar tomate para los macarrones que vas a cocinar mañana. Si esto no es hacerte sentir como en casa, ¡que vengan y me lo expliquen!

Spotify, otro que tal. Te personaliza las listas, según tus gustos musicales: “Tenemos novedades para ti”. Aunque su estrategia, en este caso, está basada en crear un sentimiento de urgencia entre sus usuarios y presionarlos a la compra. El conocido como efecto FOMO (Fear of Missing Out) consiste en anunciar una oferta por tiempo limitado. ¿Qué pasa con esto? Pues que los usuarios sienten la necesidad de comprar de forma inmediata, no vaya a ser que se les escape. Entonces, en cuanto tiene ocasión, ‘Spoti’ te manda a su landing page de planes temporales para que no pierdas la oportunidad de hacerte premium y evitar los anuncios que te cortan el rollo cuando estás en pleno auge de expresión corporal y entrenamiento de las cuerdas vocales.

Si algo sacamos en claro de todo esto es que hacer marca no es únicamente diseñar un logotipo, es algo que va mucho más allá. En un mundo donde prácticamente todo funciona con inteligencia artificial, la CRM te será muy útil para recopilar datos emocionales de clientes y usuarios, a fin de ofrecerles experiencias a medida, algo indispensable para generar engagement. Así como también será un ‘must have’ una buena estrategia de branding y SEO, con la intención de generar afinidad y hacerse notar. Además, el marketing digital se apoya en los owned media de tu marca para distribuir sus contenidos, por lo que disponer de un storytelling atractivo es vital para transmitir a tu público objetivo cuáles son tus valores. Cuenta historias que despierten sentimientos en tu audiencia donde la marca sea la protagonista y propaga mensajes que enganchen.

A la vista está: si no emocionas, o mejor dicho, si NO ENAMORAS, NO EXISTES. Tus clientes ya no compran productos, tampoco servicios. Compran la identidad de tu marca. Compran experiencias, valores. Así que tu tarea principal una vez leas esto será empezar a trabajar en las emociones que quieres asociar a tu marca. Sólo así conseguirás empatizar de un modo brutal con tu público objetivo. Y si necesitas ayuda, ¡tu agencia de marketing digital en Valencia, somos nosotros!